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Historias contadas por ahí y amores gatos.

“El veterinario de mi gato Zeus se llama Carlos, y la verdad es que me gusta un buen, además de que me parece bien pinche guapo.

Es alto, cabello chino, es muy amable y cálido. Siempre que le he visto o tratado es alegre y con una gran disposición para ejercer su trabajo. También es muy hablador y algo distraído, en fin que me encanta y me gustaría darle unos besos, que nos diéramos un buen entro.

Aunque no vive muy lejos de donde yo no supe de su existencia de no ser por las caminatas que hacemos mí mamá y yo para darle espacio a mi hermano de tomar su terapia en línea (bcs pandemia). Fue en una de estas caminatas que conocimos a su hermano quién paseaba a sus perros a los cuales no pude resistirme de acariciar y preguntar por ellos, fue así que su hermano nos contó la historia de los perros y la personalidad de cada uno para al final comentarnos sobre su hermano (Carlos) veterinario lo cual en el momento nos cayó como anillo al dedo puesto que estábamos buscando a uno para curar la otitis de Zeus.

Siendo sincera al principio no le hice mucho caso, mi mayor interés era la salud de Zeus, pero con cada visita me empecé a volver loca por él.

Por fortuna me vi obligada a controlarme para no meterlo en un lío de ética laboral, por mi mamá y por Zeus, pues : ¿Qué le iba a decir a mi mamá si todo terminaba mal? , ¿Cómo le explicaría que ya no podríamos llevar al gato a esa veterinaria?

Llego un punto en el que ya no quería que mi gato se citará para seguir viendo a Carlos, pero sí se curo. Dejé que pasara un mes resistiendo la tentación de enviarle un mensaje por WhatsApp, el dejar de verlo y establecer citas medicas fue todo un horror.

Meses después me doy cuenta de que el interés y el gusto ahí siguen. La única oportunidad de establecer una conexión ha sido a través de la mirada. Cada vez que salgo con mi mamá a nuestra caminata dirijo mi mirada hacia su casa esperando verlo pues a él le gusta fumar y platicar o simplemente le encanta quedarse un buen rato afuera de su casa, en la banqueta, ya sea sólo o con su hermano.

Otras veces albergó la esperanza de verlo pasear a sus perros para poder acercarme a saludarlo con esa excusa y sin mayor problema, pero hasta ahora la oportunidad no se ha presentado.

Sin embargo, creo que ha habido veces en que nuestras miradas si se han encontrado. A veces si me da miedo que mi mamá me pregunte la razónpor la cual volteo tanto, si lo busco a él o a quien busco pues nunca hablo de estos temas con ella.

Si mis sospechas son ciertas todo el deseo y la atracción se ve reducido al mero encuentro de nuestros ojos, el cual es un contacto mínimo e inofensivo, pero íntimo.

Es una mirada cómplice, traviesa y silenciosa y esto siempre ocurre en las primeras horas del anochecer cuando mi mamá y yo ya nos encaminamos de regreso a casa. Por supuesto que pongo en duda la reciprocidad del gusto y el deseo pero… Se siente tan bien poder disfrutar de esos pequeños momentos sintiendo y pensando que así es.

By Martina Marcela

Muppet que le hace a la arqueología y de pronto narra cosas que escucha por ahí.

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